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CAMINAR SOBRE VIDRIO MOLIDO

Actualizado: 25 de nov de 2020

Una lectura de Hospicio (Pez Espiral, 2018), de Gladys González.


Por Jaime Pinos

"Una poesía de la subjetividad que hace del poema un espacio para la revelación de la experiencia íntima y personal. Poesía escrita a la manera de un diario o una crónica vivencial cuyo objeto de exploración es la propia vida".

Esta edición de Hospicio aparece siete años después del texto que leí en su oportunidad como parte de una trilogía titulada Vidrio Molido. El libro, editado por La Calabaza del Diablo, incluía Gran Avenida (2003) Aire Quemado (2009) y Hospicio (2011) Esta nueva publicación ofrece la oportunidad de leer este último texto por separado, aunque me parece difícil desvincularlo del resto del trabajo de Gladys González cuya organicidad es característica. Entonces, leer Hospicio como texto separado, como escena autónoma, pero integrando una misma filmografía, una misma poética que la autora ha venido desarrollando durante años con dedicación y coherencia.

Hospicio: albergue, refugio. Establecimiento benéfico en que se acoge y da mantenimiento y educación a pobres, expósitos o huérfanos, dice el diccionario. Este libro, en lo que después de su lectura aparece como una ironía amarga, se llama así: Hospicio. Sin embargo, el mundo que este libro despliega está en las antípodas de esa definición. Ni albergue, ni refugio, ni acogida. El mundo aquí es un terreno eriazo, un descampado. La vida, una búsqueda constante e infructuosa de sentido en medio del absurdo, la violencia y el dolor de la supervivencia.

Más que un Hospicio lo que hay aquí es una Estación de Desamparados, como diría Enrique Lihn. Estos poemas hablan de eso, de la vida a la intemperie, se sitúan en el lado áspero. Allí donde es inútil esperar algún gesto de hospitalidad o abrigar una mínima esperanza. Estos poemas hablan desde esa experiencia. Como se dice en Vidrio Molido: nadie/puede enseñarme/lo que es caminar/sobre vidrio molido/lijando/ las aceras/con la palabra/sobrevivencia/lentamente/desapareciendo. O en Escombros: sin dinero/ sin grandes promesas/solo la imagen/de un escombro/apoyado en otro.

En otro sentido, esta conciencia de vivir en la intemperie se traduce también en una distancia irreductible con aquellos que parecen adaptarse al curso de las cosas. Los que, aún viviendo en el vacío, parecen conseguir la calma que a quien habla en estos textos le es imposible. El poema, que cito íntegro, se llama Veredas: estos caminos/no han sido fáciles/ni acertados/sentada en una esquina/observo sus sonrisas/sus rostros brillando/en las luces/una vereda limpia y tibia/por delante/manos entrelazadas sobre las mesas/anillos relucientes en sus dedos/una tranquilidad/que solo da eso/que llaman/calma. Pa mi lo que llaman calma es vocablo sin sentido escribió Violeta Parra. Frente a una sociedad donde el éxito y la satisfacción del deseo son asumidos como un imperativo, como algo que debe conseguirse a cualquier precio, estos poemas nos presentan el reverso de la trama. La conciencia dolorosa de quién está afuera de esa ficción porque no puede o no quiere entrar. Que observa a la distancia, sentada en una esquina, los simulacros cotidianos de la felicidad.

Desde el punto de vista de los procedimientos, creo que la poesía de Gladys González podría leerse a partir de ciertas filiaciones con la poesía confesional norteamericana. Lowell, Berryman, Anne Sexton, Sylvia Plath. Una poesía de la subjetividad que hace del poema un espacio para la revelación de la experiencia íntima y personal. Poesía escrita a la manera de un diario o una crónica vivencial cuyo objeto de exploración es la propia vida. Life studies como se titula el libro más conocido de Robert Lowell. La escritura como un ejercicio constante de exploración vital que se juega en el lenguaje y se constituye como texto literario en el despliegue de recursos y estrategias. Fragmentación, cambios en el punto de vista, construcción de personajes, confusión intencional de la realidad y la ficción. Todo esto han sido tan sólo mis ficciones inventadas de parches de mi vida, momentos líricos que yo desarrollé, otras máscaras que puse sobre mi cara y voces que hablaron por mí, escribió Anne Sexton. Poesía hecha con parches de una vida. Juego de la escritura y sus máscaras, de la sinceridad y la ficción. Elementos que podrían ayudar a definir la tesitura de este libro.

El epígrafe de Vidrio molido, donde Hospicio apareció originalmente, es un fragmento del poema Nada tiene que ver el dolor con el dolor de Enrique Lihn en Diario de muerte. De ahí viene este verso: Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas. Me parece que este libro, todo el trabajo de Gladys González, puede leerse como el intento por hacerse cargo de esa situación. Las palabras que usamos para nombrar nuestras vivencias más importantes, las más intensas, están desvirtuadas. La poesía es entonces, como en estos poemas, un trabajo minucioso que busca la precisión y la claridad. Nada más retorizado que la intimidad, que el ámbito inaprensible de los sentimientos. Por lo mismo, se hace necesario elegir las palabras justas, pulirlas, urdirlas bien. Se trata de marcar el territorio del corazón, como decía en un poema de su primer libro. La poesía de Gladys González nos da señas sobre cómo hacerlo. Aunque para ello, muchas veces, sea necesario aprender a caminar sobre vidrio molido.

Link para comprar el libro: https://www.instagram.com/pez_espiral/
Valor referencial: s/info.
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