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DROGUETT: SER LA DESCOMUNAL NOTICIA DEL MUNDO

Prólogo de Carlos Droguett. Artículos y columnas (Garlopa ediciones, 2021)


"Yo creo que el escritor debe ser vocero de su tiempo,

por ser precisamente vocero de sí mismo”.

CARLOS DROGUETT


Por Roberto Contreras


Una marcada conciencia de realidad, así de amplio, podría definir el proyecto intelectual de Carlos Droguett (Santiago de Chile, 1912 - Berna, Suiza, 1996). Puesto que, muy tempranamente, consiguió demarcar con su particular visión un proyecto que lo hizo transitar desde los planos de la historia a través del pulso contingente periodístico para nutrirse con los recursos de la narración desplegado en su vasto mundo de la ficción:

“Cuando imagino o recojo una historia siento a mis personajes como si ellos fueron yo mismo; inconscientemente los incorporo a mi sangre […] los acerco en bloque a mi terror, soy como un ciego debatiéndome entre las alambradas de púa del idioma, entre manos, ojos, pies, bocas, pautas, preceptos, camisas que quieren incorporarme o hundirme, pugnando por salir o, más bien, por acercarme a mis personajes” (1).

Si bien su obra más conocida, una docena de novelas, impone un registro que parece querer agotar su imaginario, tras la reducida o escasa cercanía con sus otros textos más híbridos: artículos, columnas, reseñas, ensayos y semblanzas (2).


Quizás por todo eso es que escribimos esta nota.

¿Será que el cuento, la crónica y la literatura de ideas han vuelto a circular con algún interés en este momento dentro de la escena literaria? Suponemos que sí, y eso no solo correría para los relatos de Carlos Droguett –este año se avizora la circulación de sus Cuentos Completos– sin duda beneficiados por “el aroma del tiempo” que se cierne en este mundo fútil, donde primero la inmediatez arrasadora, tanto como la introspección perecedera, se presentan como condiciones favorables de un contexto preciso para animarse a una (re)lectura también de estas reflexiones sobre autores, movimientos o cuadros socioculturales droguettianos. Una mirada viva y cierta sobre sus materiales misceláneos de la prensa, que el autor fuera dejando a la par con su nutrida obra, estrictamente, literaria.

Digamos con todo, tanto a los lectores curiosos, así como a los buscadores atentos y mundanos, que la producción de Carlos Droguett no solo se componía de sus novelas.



Monólogos, delirios y sarcasmos


La carrera periodística de Droguett se inicia muy joven, marcando una trayectoria de varias décadas. Ingresó a estudiar Derecho en la Universidad de Chile e Inglés en el Instituto Pedagógico y comenzó a trabajar como reportero en diarios y revistas, como El Imparcial, también sería corrector de pruebas en la Editorial Ercilla. Sus relatos iniciales se publicaron en la revista Hoy y el diario La Hora, colaboró como cronista, reseñista y crítico literario en Las Últimas Noticias, Vistazo, Sucesos, El Siglo, Occidente, Desfile, La Quinta Rueda, la revista jesuita Mensaje, además de participar en el periódico Extra, creado en 1946 junto a Juan de Luigi. Posteriormente cancelado por el gobierno de Gabriel González Videla. En este periódico popularizaría en sus columnas, “Patero y yo” y “El cementerio de los elefantes”, un particular estilo, entre pícaro y mordaz, con el que arremetía contra la situación político-social de la época:

“Cada día y cada semana publiqué una cantidad exagerada de narraciones, monólogo, diálogos, delirio, fiebres, sarcasmos, historias, algunas logradas, otras a medio cocinar, pero todas dirigidas, como la luz de un foco en el escenario de un teatro oscuro, en mi propia oscuridad y tinieblas, a abrirme un camino pues me sentía vacunado, contaminado, condenado, elegido, apartado por la difícil vida” (3).

La selección que ofrecemos en esta publicación corresponde, fundamentalmente, a un periodo específico en el diario La Nación durante el año 1961.



Recoger con las manos la sangre


En la formación literaria de Carlos Droguett existe un episodio fundamental, que permite evidenciar cómo a partir de lo ocurrido en el centro de Santiago el 05 de septiembre de 1938, este daría a la luz una crónica radical, aparecida un año después en la prensa capitalina. En sus palabras fue un hecho que me remeció profundamente e hizo conocer mi capacidad de odiar: “Los asesinados del Seguro Obrero”, que constituye una pieza clave en la demostración del ejercicio que inaugura su poética:

“Temo –y no quisiera desmentirlo– que estas páginas que ahora escribo vayan a resultar una explicación de mí mismo. No importará. Lo que publico, después de todo, lo escribí porque lo sentí bien mío, intimo de mi existencia, hace un año, cuando fue hecho. Por esto mismo no he querido cambiar nada, exhumar cosa para averiguar más carne, más sangre. Esta, se ha entregado al libro de la imprenta tal como se entregó a la página del diario el pasado invierno. Yo no podía meter mis manos en ella otra vez. Esa no fue mi labor verdadera. Yo sólo recogí, a la manera mía de coger las cosas, esa sangre que corriera hace dos años por nuestra historia; no fue otra mi tarea, agacharme para recoger. Traté de trabajar entonces con las dos manos para no perder detalle ni hilo, para recoger toda la sangre, para construirla otra vez, y que corriera más abundante por los cauces de nuestra historia [...] Mi tarea no fue otra, no es ahora, otra que ésta, publicar una sangre, cierta sangre, derramada, corrida por algunos edificios, por ciertas calles, escondida, después, para secarla, debajo del acto administrativo, del papel del juzgado. Quise hacerla aprovechada.” (4)



“Soy novelista porque fui periodista”


La década del ’70 ocurren dos hechos que resultan memorables para su carrera literaria, el 30 de octubre le es otorgado el Premio Nacional de Literatura, y el 28 diciembre es reconocida en España, Todas esas muertes, con un Premio Internacional de Novela de por la editorial Alfaguara.

Saldrá de Chile en enero de 1971. De esa aventura surge su libro Escrito en el aire. Páginas que se despliegan en crónicas, prosas poéticas, perfiles, bitácoras, conferencias, ensayos, entrevistas, que pueden entenderse como apuntes de viaje.

Del texto “Periodistas en Salamanca”, correspondiente a la ponencia que ofrece en dicha universidad española, “El escritor y el periodismo” ofrecemos a continuación algunas ideas vertidas en la intervención (5):

- “No tengo más motivos de estar aquí, ocupando unos minutos de este curso de iniciación periodística que el haber sido, desde muy joven, periodista, trabajo, destino o maldición que, de hecho, no he abandonado nunca”.

- “En efecto, así como la profesión de periodista no existiría sin el mundo que pasa ahí afuera, creo que yo me anularía como escritor si también lo ignorara. Soy novelista porque fui periodista y porque sigo siéndolo. Si ustedes se toman la molestia de recorrer mis libros, verán que, en todos ellos, o casi en todos ellos, por lo menos en los principales o más conocidos, se cuentan hechos que ocurrieron”. [Refiere a su novela Eloy y a Todas esas muertes.]

- “Tal vez al intentar esta forma de reportaje periodístico [en sus novelas 100 gotas de sangre y 200 de sudor y Supay el cristiano] he seguido, probablemente sin darme cuenta, el rumbo que nos señaló a todos los escritores chilenos, especialmente a los novelistas, un poeta-soldado, también español de nacimiento, llamado Alonso de Ercilla, a quien francamente no sé si ustedes conocen. Este hidalgo, como soldado del ejército español, conquistador, se convirtió en cronista de los hechos que atestiguaba o que con sus compañeros de guerra iba formando y luego recogía. Sí, su largo poema narrativo, La Araucana, es un diario de guerra, el primer reportaje en la historia literaria de mi país, y también el primer ejemplo”.

- “Las grandes tragedias colectivas que ocurrían en el norte del país, la vida infernal de las salitreras, esas de sal en el ardiente desierto, que era en sí una novela, las periódicas matanzas de obreros pampinos, y hubo una sola que totalizó tres mil quinientos fusilados en un solo día, solo fueron temas populares y para periodistas […] Quizás por esto porque siempre, el periodista, en uno u otro siglo, en uno u otro país, le da lecciones de vida y de visión a los novelistas. También porque el periodista es siempre un hombre que escribe”.

- “No quiero cansarlos, pero no olvido una idea que traigo desde mis años infantiles y que quiero finalmente transmitirles: que todos los hombres son periodistas, que todos los hombres somos noticia, pequeñita o grandiosa, comunal o descomunal noticia, ya que también el mundo, en su iniciación, en sus voceros, los antiguos profetas, algunos muy oscuros y ahora tan de actualidad con las admirables guerrillas de mi continente, tomó una forma periodística”.



Hacedor de ficciones, murallas y revoluciones


Por último, para cerrar la dimensión intelectual de Droguett, quizás valga integrar a su mundo narrativo, entendido este como la constitución mayor de su pulsión, sentido y creación, el lugar que ocupaban sus compromisos de prensa, lo que en clave de broma pero con mucho de verdad, durante las grandes tensiones del gobierno de Salvador Allende, fue descrito durante una entrevista realizada por el poeta, periodista y militante, Julio Huasi: “El orgullo justo de trabajador, de hacedor de ficciones –de sangre y humillación humana realísimas–, perdura: No escribo nada si no me pagan, reiterará en un receso para este reportaje tomando once con su familia. Excepto para Cuba, lo apura su hijo Carlos. Por supuesto, porque Cuba me mantiene vivo con su ejemplo revolucionario, retruca el novelista. Mientras anoto sonrío sordamente recordando de súbito que Droguett fue Premio Nacional de Literatura 1970, lo que parece no preocuparle mucho. Hablamos del quéhacer del escritor. Las dos primeras respuestas son censuradas por solemnes. Por último, señala: Escribir por supuesto. Pero vivir todo el tiempo y escribir de vez en cuando. Hacer obras como el albañil murallas y el revolucionario, revoluciones. Expresar la vida, su coraje, su rabia. Si ahora estallara la revolución, no sé si saldría, así como estoy a la calle, o me metería debajo de la cama, o agarraría un fusil. Aunque creo que agarraría un fusil, porque es la vida.” (6)


En síntesis, el prolífico trabajo de Carlos Droguett aún demasiado desperdigado en diversas publicaciones, además de muchos manuscritos que se hallan inéditos, solo confirma el proyecto de quien hizo de su oficio la admirable e impetuosa construcción de ficciones, usando todos los materiales posibles para comunicar el sufrimiento humano.


NOTAS:

* Todas las citas corresponden a títulos o referencias directas a la obra de Carlos Droguett.

(1) “Prólogo” de Los mejores cuentos de Carlos Droguett, Editorial Zig-Zag, 1967.

(2) Materiales de construcción. Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2008 - Escrito en el aire, Ediciones Universidad de Valparaíso, Valparaíso, 1972.

(3) “Eloy soy yo”, revista Punto Final, Nº 378, Santiago, 16 de septiembre de 1996.

(4) “Explicación de esta sangre”, en Los asesinados del Seguro Obrero, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1972, Tercera Edición, Valparaíso. Pp.7-8.

(5) Escrito en el aire (1972). Págs. 125-132

(6) “La máquina de escribir al rojo vivo. Carlos Droguett opina”. En Chile Hoy, Nº 24. 24 al 30 de noviembre de 1972. Las cursivas son nuestras y reemplazan el entrecomillado dentro de la cita.


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Roberto Contreras Soto (Santiago de Chile, 1975) es profesor, escritor y editor. Ha realizado publicaciones en diversos géneros (novela, poesía, crónicas, crítica literaria) como colaborador y editor en revistas impresas y digitales: La Calabaza del Diablo (1998-2005), Lanzallamas.org (2006-2010), Carcaj - LOM Ediciones (2010-2014) además de consultor en fomento a lectura por editoriales pedagógicas. Ha impartido charlas dentro y fuera del país (Argentina, México, Perú, Uruguay, España) en torno a sus proyectos y los soportes actuales de la literatura. Actualmente prepara la reedición de los Cuentos Completos de Carlos Droguett por editorial Aparte.

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