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  • El Circo en Llamas

EL LUGAR DE LA VIOLENCIA

Lectura sobre Pieza Amoblada (editorial Cuneta, 2019) de Valentina Vlanco (1994)


Por Tania Lagos Urrutia



Una de las preguntas que más resuena en mi cabeza desde que leí Pieza Amoblada (editorial Cuneta, 2019) de Valentina Vlanco (1994) y esa es: ¿dónde habita la violencia?


Me es imposible pensar en una lectura que se aparte de lo más evidente de este texto, su locura. Una locura silenciosa y pausada, contenida. Una locura de muchacha de bien, de mujer subordinada, una locura impropia, si se quiere, inafectada. El relato comienza con Teresa, una anciana que ha servido de nana en una familia acomodada durante toda su vida. La nana como madre postiza que siente a hijos ajenos como si fueran propios. La nana que aparece en las noticias tratando de justificar la última demencia de una de sus hijas putativas “Es verdad que la Sarita tenía un cuchillo. Pero no pensaba usarlo. Lo que pasa es que se asustó”.


El relato está fragmentado, se va contando a pedazos muy bien condensados, que dan solamente la información necesaria. Cascajos contados a tropezones, como cuentan las cosas los culpables. Hay algo en la escritura de Valentina que mantiene siempre la distancia. Como si los eventos estuvieran contados desde la más absoluta neutralidad. La prosa es tan limpia como hermética. Nos muestra la locura sin convertirse en ella. Pedazos narrativos mezclados con voces interiores que se diagraman distinto en la página. En un comienzo parecen voces débiles, quizás un poco forzadas, pero a medida que avanza el relato van tomando fuerza y carácter.


Sin embargo, no siempre funciona la distancia, de pronto se me hace necesario poder hundirme con sus personajes en esa angustia, ese deseo mandatorio, pero Valentina no abre esa puerta. La suya, es una locura mirada desde la rendija, desde un lugar que no nos puede alcanzar. Esa distancia se marca aún más con pequeños errores lógicos del relato: un niño de dos años capaz de armar oraciones complejas, una embarazada con las tetas llenas de leche.


Pero más allá de eso, a medida que avanza el texto nos vamos adentrando en una complejidad tan antigua como la humanidad misma. Una mujer con síndrome del nido vacío. Otra mujer que no puede tener hijos. Un hombre instrumental (había escrito por error hambre en vez de hombre y de pronto me parece una palabra igualmente apropiada). Una joven/niña con ganas de comerse el mundo o, aunque sea, explorarlo. Aunque sea tener tan solo un pedazo de lo que jamás, y es inevitable preguntarse ¿dónde comenzó todo esto? ¿dónde está la raíz? ¿cuál es el lugar de la violencia?


La autora nos plantea un problema que todo tiene que ver con lo patriarcal: la locura de pensar que una mujer no está completa si no tiene hijos. La presión social por cumplir un mandato que deshumaniza todo aquello que tenga que ver con la crianza. Se instrumentaliza al niño como un premio “Debería llorar de alegría al recibir la guagua como una actriz recibiendo el Óscar, no quiero aceptar el premio, tomen su guagua dorada.” pensará Pía, la madre biológica, mientras los medios, encarnando el mandato, la interrogan frente a las cámaras por el secuestro de su hijo.


Lo cierto es que hubo un secuestro lo mismo que hubo un abandono. Una mujer quiere ser madre, la otra no. Y no es extraño pensar que esa violencia patriarcal está igualmente ligada a la económica. Una mujer pobre que no sabe qué hacer de su vida si no sirve a otros. Una mujer de clase alta que no sabe cómo existir en su mundo si no es cumpliendo con lo que le enseñaron. Una niña de campo que no sabe cómo manejar su propio deseo de existir de otra manera, en la ciudad, en la abundancia. Un hombre que no sabe hacer nada más que responder a sí mismo. “Y porque todavía nos vemos presas y cautivas, una y otra vez, de esos fantasmas, de esa ambivalencia, de esa locura, que no es la nuestra, y devolvámosles a los hombres la suya” escribió Luce Irigaray y devolvámosla ya.


“El niño es tuyo Sara. Si estás viendo esto, no vuelvas.” terminará por decir Pía frente a las cámaras y yo me pregunto ¿es esto un final feliz?



Para adquirir el libro: Pieza Amoblada
Precio referencial: 11 mil
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