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  • El Circo en Llamas

NIÑAS Y NIÑOS QUE ESCRIBEN

Entrevista a 3 niñes que escritores: Antonia Farfán, Leo Galvéz y Anahy Ruiz


Por Rodrigo Hidalgo

Al principio, el niño era yo. Después inevitablemente crecí. Pero por suerte siempre me he encontrado en el camino de la vida con niñas y niños que escriben. Cuentos, poemas, canciones, novelas, obras geniales. Son mis sobrinos y ahijadas, los hijos e hijas de mi exageradamente amplio círculo de amistades, y claro, también mis ocasionales alumnos o estudiantes. Y a continuación voy a presentarles a tres.



Antonia Farfán Armstrong


Sucede que durante el 2018 y 2019, hasta antes del estallido, en varias bibliotecas de Santiago y algunas regiones, dictamos junto al dibujante Christiano un taller para niñes de escuelas básicas, como parte de un programa que buscaba acercarles a ese lugar amigable y creativamente, a interactuar con los libros, a la práctica lecto-escritora. Tratábamos de encender una chispa, se largaban a dibujar, a pintar y a escribir, había que contar historias, el que se aburría se ponía a leer. Se llamó “Monos&Letras” y en él proponíamos justamente un principio, un momento originario, nada original por cierto: contábamos el primer cuento, la primera novela, el primer film de la humanidad, las cuevas de Altamira. Ahí en la biblioteca de San Fernando, VI Región, conocí a Antonia Farfán Armstrong.


Antonia se presentó ante mi como una colega, escritora. Tenía entonces 8 años y me mostró su cuento “La tortuga Mili”. Me regaló una copia impresa en hojas sueltas y yo quedé de contactarla con algún colega editor o presentársela a otres amigues dedicades al fomento de la literatura infantil y juvenil. En la última hoja de “La tortuga Mili”, me dejó el email de su mamá. Sin embargo, después de ese taller en San Fernando, visitamos otras 2 o 3 bibliotecas más como Alhué o Chillán, y luego vino el estallido social en octubre del 2019, y se suspendieron todas las actividades con estudiantes y en colegios, de modo que el “Monos&Letras” no se hizo más. Luego vino la pandemia, y tuvimos que inventar nuevas formas de seguir haciendo lo que amamos, nos adaptamos. Lo concreto es que no me había dado hasta ahora el tiempo para ordenar el Cajón de Cosas Importantes donde había guardado a “La tortuga Mili”, y los datos de la mamá de Antonia me esperaban. Pidiendo disculpas por haber dejado pasar tanto tiempo retomamos contacto hace poco. Antonia ahora ya tiene 12 años y me mostró lo que está escribiendo actualmente, una novela que se llama “Dante Baker y los kodamas”. La novela está en wattpad.com, que es una plataforma y comunidad digital para escritoras/es. Así que sin más preámbulos les presento a esta talentosa niña con quien estoy orgulloso de haber vuelto a conversar, Antonia Farfán Armstrong.



“LA TORTUGA MILI”


Había una vez una tortuguita llamada Mili, a ella le encantaba tocar la trompeta y era muy feliz a pesar de que vivía sola y claro, toda tortuga tiene una duda la de ella era ¿cuándo era su fecha de cumpleaños?

Lo pensaba todo el día y se preguntaba ¿a quién le puedo consultar?

Para pensar decidió tomar un poco de aire y salió a caminar, en el camino compró un diario y se puso a leerlo.

Cuando lo leyó vio una noticia que le cambió el ánimo, era la tortuga Nana. Ella es Nana, le podrá decir hasta su fecha de nacimiento. Wow, debo ir donde ella, solo debo ver cuánto cuesta, ajá aquí está ¡qué 30mil pesos! Debo reunir ese dinero. Pero ¿cómo lo haré? La tortuga Mili pensó, pensó y pensó hasta que se le ocurrió - ¡ya sé! ¿por qué no toco la trompeta? ¡sí, eso haré!

Fue donde la tortuga Nana y platicaron un buen rato. Y el momento que todos estaban esperando resulta que Mili tenía nada más ni nada menos que 14 añitos y mañana cumpliría 15 y para celebrarlo tocó la trompeta en el parque del pueblo.

Hoy en día la tortuga Mili tiene 32 años y es una gran amiga con la tortuga Nana de hecho atienden juntas las preguntas de la gente.


***


“DANTE BAKER Y LOS KODAMAS” / Capítulo 1. Perezosos.

(https://www.wattpad.com/1093067812-dante-baker-y-los-kodamas-perezosos)


- ¡Dante! – gritó Liam, mi mejor amigo cuando me vio entrar por la puerta principal – Llegas tarde otra vez.

- Lo sé, estuve hasta las tres de la mañana haciendo deberes atrasados.

- Deberías dejar un poco los videojuegos, en dos días nos vamos de campamento, allá no podrás jugar.

- No iré.

- ¡¿No irás?!

- No, me quedaré en casa con mi padre.

- Te perderás un viaje inolvidable, además irá Lía.

- ¡CÁLLATE! Sentí cómo mis mejillas se enrojecían.

- Taida – dijo Aoi con sus coletas al viento pasando por el lado de nosotros mientras leía su libro.

Aoi llegó hace unos años a mi escuela desde Japón, ella es tan insoportable, sus calificaciones, postura, lenguaje y vestimenta son irritantemente perfectas. Es la favorita de los profesores, no tiene amigos ni tampoco tiempo para hacerlos, pues se pasa el día estudiando y leyendo.

- En español por favor – dije en función de comprender lo que nos había dicho.

- ¡Perezosos! ¿No se cansan de ser tan deficientes?

Miré a Liam.

- ¡Dante, llegaste tarde otra vez y Liam reprobó ciencias de nuevo!

Volví a mirar a Liam.

- ¿Reprobaste ciencias?

Sonó la campana para entrar a clases.

- Luego te cuento – dijo Liam tomándome del brazo y llevándome al salón rápidamente.

Aoi volteó los ojos y entró a clase.

Cuando entré al salón me sentí la persona más famosa de este mundo, todos me miraban, pero claramente no era por nada más que mi retraso, me senté en mi banco, al final del salón, en diagonal está Lía y a mi lado Liam, quien me dice cada cinco minutos que deje de mirar a Lía y me concentre en la clase, ah bueno, por si se lo preguntaban Aoi se sienta en frente del pizarrón, porque dice que ese lugar le permite concentrarse al cien por ciento en sus estudios.

A principio de año Félix se sentó en el banco de Aoi, no saben el inmenso escándalo que se armó por ese asiento, hasta que Félix accedió y se sentó en el banco de su lado. A veces me pregunto si en Japón la educación es así.

La verdad no creo que mi escuela se diferencie mucho a las demás, mi salón tiene un gran pizarrón al frente, el escritorio del profesor frente al pizarrón, los bancos y a los lados de los bancos tiene unos casilleros. Ahora recuerdo una vez que junto a Liam espiamos a Aoi para saber la contraseña de su casillero y ver si usa algún tipo de trampa… ese día salí de la escuela con 3 chichones, Aoi nos tiró sus libros por la cabeza y cuando sus libros cayeron al suelo, les pidió perdón. ¿Ahora también comienzan a preguntarse cómo es la educación en Japón?

Antes de empezar la clase, el profesor me llamó la atención en frente de todo el curso por mis innumerables atrasos y faltas, y mientras el profesor lo hacía Aoi se dio vuelta con cara de “te lo dije”, e infaltablemente volteó los ojos antes de voltear a su posición.

Respondí a mi profesor con un “lo sé, lo siento, no volverá a pasar”. Aoi se volteó nuevamente pero esta vez me miró con una cara de “sí, claro, y yo soy la hija de Obama”.

Al menos sobreviví un día más de clases, con esa japonesa insoportable y profesores aburridos, pero al llegar a mi casa recibí una noticia que arruinó mi día.


Fin del capítulo Uno.



Ahora quiero que entendamos la Literatura Infantil y Juvenil como aquella que es escrita por elles mismes. Y constato con emoción cómo la escritora –ese animal interno, la pulsión escritora- se reconoce, descubre y proyecta, cómo ha ido avanzando. Sabe que hay un lector que desconoce la historia, hay presupuestos que para efectos de la diégesis o narración son obvios, como que toda tortuga tenga una pregunta existencial. Y luego el paso a manejar una escena completa a partir de diálogos, la generación de un suspenso, el atrapar al lector. No diré nada más para no parecer profe chocho. Además que sería una patudez, Antonia no ha sido alumna mía salvo en aquélla única experiencia distante años ya. Quiero decir que es mérito suyo genuino. Pero sin duda están mamá y papá también, siempre hay un entorno, un mediador/a o al menos algún referente o estímulo. Bravo por ello.

Lo cierto es que mi experiencia como mediador de la lectura comenzó siendo tempranamente el “tío Ratón” para las y los niñes de mis amigas y amigos, entre quienes la lectura, el contar y leer cuentos era más bien habitual. De manera natural, alrededor del Centro Cultural Manuel Rojas en el barrio Yungay de Santiago, donde frecuentemente había recitales poéticos, talleres, lecturas y lanzamientos, las hijas e hijos de nuestras amigas y amigos, fueron convirtiéndose en mis primeros colegas infantiles. Y menciono esto porque el próximo niño escritor que les voy a presentar es justamente hijo de Eduardo Gálvez y Daesha Friedman, pareja que hasta el día de hoy sostiene ese centro cultural. Para lo cual volveremos a la pandemia.


Leo Gálvez Friedman


Sucede que la pandemia nos obligó a suspender las actividades presenciales en el Manuel Rojas y conminados a la pantalla y el zoom, se materializó inesperadamente un sueño de algunos periodistas miembros del centro cultural, como el propio Eduardo, que siempre quisieron levantar una radio comunitaria. Hoy la Radio Online del Centro Cultural Manuel Rojas (https://radioccmanuelrojas.miplayer.cl) es una realidad, y allí pueden escuchar algunos relatos leídos por sus autores, como cápsulas sonoras. Dos de las cuales son de este gran niño cronista, Leo Gálvez Friedman, de 12 años.


LOS LOROS


Todos los días me levanto y miro por la ventana a los loros argentinos que comen de la parra de la vecina, que cruzan a nuestro patio. Ellos comen, vuelan y gritan mucho. Me pregunto ¿será por eso que les dicen loros argentinos?

Mi papá ya no va a trabajar, ahora cocina y trabaja en casa, mi mamá tiene clases virtuales, y mi hermana está siempre molestando. La cuarentena nos tiene atrapados en esta casa y a veces estresados. Ojalá esto termine pronto para poder salir y abrazar a mis abuelos y sentirme tan libre, libre como los loros argentinos.


***


EL ESTALLIDO


El 14 de octubre 2019, al principio fue como cualquier otro día. Me levanté a una hora promedio entre las 9 a 10 am., estábamos solo mi papá, mi hermana y yo, mi mamá estaba en NYC.

Bueno, me levanté, vi mi celu, vi Instagram, vi Whatsapp, y nada andaba mal, todo estaba bien tranquilo como cualquier otro día. En fin, cuando decidí levantarme eran ya como las 11am. Bajé, me hice un cereal, prendí la tele, vi Netflix, jugué videojuegos, lo normal como cualquier mañana. Mi hermana ya estaba despierta yo creo que desde más o menos las 9 am.

Ya eran mas de las 12:30 y mi papa decidió levantarse nos dijo que íbamos a ir al mall para almorzar, ya que no quería cocinar por la resaca. Entramos al mall y nos comimos unas ricas hamburguesas, empezamos a ver lo que podríamos hacer, ya que eran las 3 pm con una panza llena, sueño, flojera, pero más que todo queríamos pasar el tiempo, mi papá tenia ahorrados unos puntos para ir al cine, en la cartelera estaba la nueva película de Maléfica, entonces decidimos ir al cine, pero no queríamos ir al cine del mall, y al lado había un cine así que nos marchamos, pero mientras nos íbamos la gente estaba asombrada mirando hacia fuera. Nosotros no sabíamos qué pasaba, quizás un choque de autos, o un accidente, pero no, era una protesta gigante, mi papá estaba en la otra calle aplaudiendo yo y mi hermana avergonzades estábamos diciéndole que pare, mi papá nos dijo que deberíamos ir por el auto para ir al cine, pero yo le insistí que no, así que fuimos a pie.

Vimos la película y cuando salimos eran las 7:00 pm. y la protesta había sido gigante, la gente estaba corriendo al lado opuesto del nuestro, nosotros íbamos al mall pero ellos se escapaban de él. La gente nos decía que nos devolviéramos pero nosotros necesitábamos nuestro auto. Al lado del mall había un humo blanco gigante que llegaba al cielo. Después no nos querían dejar entrar a mal. Pero nosotros les explicamos que nuestro auto estaba allí adentro, llegamos al auto y todos estaban apresurados de irse, una fila de autos tremenda esperando irse. Mi papá estaba bromeando de cómo hubiera reaccionado nuestra mamá, nosotros nos reíamos preocupados.

Esa noche llegamos a casa bien, mi hermana estaba asustada y yo preocupado y mi papá estaba súper tranquilo. En la esquina estaban haciendo un cacerolazo, mi papá nos dijo: ¡vamos! ¡vamos! Yo estaba dispuesto pero mi hermana estaba asustada de que vinieran los pacos y nos peguen o arresten. Al final mi papá la convenció, agarramos una mini cacerola y una mini cuchara de madera y fuimos. Cuando volvimos eran casi las 10pm. Dormimos bien esa noche. Unos días antes escuché que alzaron el pasaje del metro 30 pesos!!! Al día siguiente me desperté y me enteré que todo empezó por esa alza del metro.


***


Si entendemos la Literatura Infantil y Juvenil como lo que escriben les niñes, vemos que no sólo hay ficción o imaginación, la realidad también está ahí ante sus ojos. Muchas veces en “Monos&Letras” fuimos testigos de ello, cuando la niña o el niño descubre en el papel un refugio donde verter sus preocupaciones.


Lo cierto es que antes de hacer “Monos&Letras” tuve la oportunidad de hacer un taller de escritura creativa en un liceo y un par de escuelas básicas. En realidad fue un reemplazo, pues Óscar Saavedra, el profesor titular del taller, tuvo que viajar fuera del país por un período largo, y me pidió que lo reemplazara. De todas maneras ahí conocí a Anahy Ruiz Armijo, que ya era una alumna aventajada, y Óscar la había publicado incluso. Óscar Saavedra, quien tiene desde hace mucho tiempo un trabajo de talleres de poesía con niñes y organiza un Encuentro de Poesía en Escuelas con participación de destacados poetas que siempre asisten como invitados y pueden corroborar el enorme potencial de la poesía a la hora de acercarse a la infancia, así como el talento de cientos de niñas y niños que en la poesía hallan un lenguaje para expresarse. Óscar publicó en su sello editorial, el libro debut de esta niña de Quilicura. Les presento entonces a Anahy Ruiz Armijo, también de 12 años actualmente, autora del libro “Mi casmot juega con el tiempo de la luna”, libro de poemas publicado por Editorial Andesgraund en el 2017.



Anahy Ruiz Armijo


El pájaro de mil años


El pájaro de mil años ladra por comer el chocolate que dejé en mi balcón

Al igual que el televisor ríe a carcajadas cuando leo el cuento

Que le encanta escuchar.

Bajo el techo de mi casa está el gato de dos colas que no me deja dormir.

La serpiente susurra para no decir nada.

El aire rosado contempla los dibujos que viajan a la luna mientras el ratón

Construye la casa en donde leeré.


Un día sentí que


Mis uñas comenzaron a brillar.

Es que hablan inglés y ahora chino.


De repente supe sentir la melancolía

O reír en el desierto de los cactus

Comiendo arena.


Al pestañear se derribó una montaña

Y al abrirlos totalmente vi nacer una

Nueva estrella que desvelada hora y horas

Como la luna esperando a que el sol se suba

Al cielo.


Que me trague el mar abierto.

Que me trague.



Casmot


Casmot es mi amigo, un soñador imparable.

Vive en la luna y puede ir a la galaxia.

Siempre vomita arco iris, juega con el tiempo,

No se acuerda que tiene que ir al colegio.

Su amor son las estrellas. No disimula coquetearlas.

Primero es la vida que lleva con ellas.

Luego su amante La Comida que son sus palabras a la once

Para luego lamerlas en el desayuno.

El atardecer se deshacer para él.

Las hojas visten de colores cuando estornuda para no sentir

El temblor del ruido ni el chirrido del televisor.



Pregunta

¿Por qué el data no refleja mi vida

si yo puedo saber la suya

mientras estoy encerrada en el círculo de mi cabeza

y no en cuatro paredes?

¿Por qué el viento en las pruebas me sopla?


***


Hasta ahí esta entrega. Quiero agradecerles a Antonia, Leo y Anahy, y a sus respetivas madres y padres. Y a usted, lector/a. Creo que hoy en día algo más amplio se va entendiendo cuando hablamos de Literatura Infantil y Juvenil. Y espero como mediador, estar en algo contribuyendo a eso.


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