Buscar
  • El Circo en Llamas

TAL VEZ EL OTRO LADO EXISTE

Una lectura sobre Luz de día (Komorebi, 2020) de Blanca Varela.


Por Sergio Muñoz A.

En la ciudad de Valdivia, Chile, se acaba de reeditar el segundo libro de Blanca Varela, Luz de día, publicado originalmente en 1963 por Ediciones de La Rama Florida, que dirigía el poeta Javier Sologuren.


Se trata del segundo de ocho libros, editados entre 1959 y el año 2000. Blanca Varela publicó: Ese puerto existe (1959); Luz de día (1963); Valses y otras falsas confesiones (1972); Canto villano (1978); Ejercicios materiales (1993); El libro de barro (1993); Concierto animal (1999) y El falso teclado (2000, publicado en forma unitaria el 2016).


Quizás tan complejo y difícil como armar un buen primer libro sea trabajar un segundo gran libro. Perseverancia, conocimiento del oficio, presentimiento de luz. ¿Cuál es el problema? Blanca Varela parece haber meditado sobre el tema. Dice en “Del orden de las cosas”, el primer texto del libro:


El orden en materia de creación no es diferente. Hay diversas posturas para encarar este problema, pero todas a la larga se equivalen. Me acuesto en una cama o en el campo, al aire libre. Miro hacia arriba y ya está la máquina funcionando. Un gran ideal o una pequeña intuición van pendiente abajo.

Su única misión es conseguir llenar el cielo natural o el falso.

Primero se verán sombras y, con suerte, uno que otro destello; presentimiento de luz, para llamarlo con mayor propiedad. El color es ya asunto de perseverancia y de conocimiento del oficio.

Poner en marcha una nebulosa no es difícil, lo hace hasta un niño. El problema está en que no se escape, en que entre nuevamente en el campo al primer pitazo.

Hay quienes logran en un momento dado ponerlo todo allí arriba o aquí abajo, pero ¿pueden conservarlo allí? Ése es el problema.


“Poner en marcha una nebulosa no es difícil, lo hace hasta un niño”, dice la poeta. Blanca Varela logró una estabilidad inusual para poner en marcha su propia nebulosa. Y fue, libro a libro, haciendo vibrar sus temas como esos acróbatas que son capaces de hacer bailar innumerables platos que se mantienen en movimiento sin fin. Luz de día, su segundo libro, pareciera querer equilibrar la mención de la noche en Ese puerto existe, su primer libro, que se llamaba originalmente Puerto supe. Octavio Paz hace el reparo del nombre y Blanca Varela le responde: “Pero Octavio, si ese puerto existe”. “Ese es el título, Blanca, ya lo tenemos”. Le replicó el poeta mexicano. Dice en “Puerto supe”, el primer poema del primer libro:


Aquí en la costa escalo un negro pozo,

voy de la noche hacia la noche honda,

voy hacia el viento que recorre ciego

pupilas luminosas y vacías,

o habito el interior de un fruto muerto,

esa asfixiante seda, ese pesado espacio

poblado de agua y pálidas corolas.

En esta costa soy el que despierta

entre el follaje de alas pardas,

el que ocupa esa rama vacía,

el que no quiere ver la noche.


En Luz de día, su maravilloso segundo libro, reeditado ahora en la ciudad de Valdivia, nombra 21 veces la palabra “luz”. El libro contiene también 21 poemas y está organizado en tres partes: seis poemas en prosa, “Muerte en el jardín” y “Frente al Pacífico”. Es interesante observar cómo Blanca Varela va integrando sus materialidades a lo largo de su obra, de una manera orgánica y acumulativa. Casi todo ha sido nombrado antes, o va a generar una aparición posterior. Por ejemplo, Ese puerto existe, el primer libro, fue escrito también frente al Pacífico, como se va a llamar la tercera parte de Luz de día. Allí aparecen también el insecto, el colibrí, la araña, el pájaro, la abeja, que van a formar parte de ese cortejo animal tan presente en toda su obra. En Luz de día hay un vals, que nombrará al libro siguiente, Valses y otras falsas confesiones.


Tal vez la poesía de Blanca Varela sea un cuerpo enlazado. Un bosque en el que no tenemos acceso directo a sus raíces. Si las viéramos, sabríamos que en la superficie, las hojas apenas se rozan si se alcanzan a tocar, pero bajo la tierra, las raíces se enlazan, se acarician, se nutren. Se hacen un cuerpo homogéneo que crece, como el tiempo.


ASÍ SEA


El día queda atrás,

apenas consumido y ya inútil.

Comienza la gran luz,

todas las puertas ceden ante un hombre

dormido,

el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.


El tiempo,

la gran puerta entreabierta,

el astro que ciega.


No es con los ojos que se ve nacer

esa gota de luz que será,

que fue un día.


Canta abeja, sin prisa,

recorre el laberinto iluminado,

de fiesta.


Respira y canta.

Donde todo termina abre las alas.

Eres el sol,

el aguijón del alba,

el mar que besa las montañas,

la claridad total,

el sueño.


“El tiempo es un árbol que no cesa de crecer”, dice la poeta. Esta es una palabra profunda, de contornos delicados, pero inolvidables. Que apenas se asoma a sus imágenes, pero deja la puerta abierta para la contemplación de un mundo simbólico lleno de ecos y reverberaciones. “No temas a las palabras. No sé si te dejas llevar por ellas o las tienes bajo tu dominio. En todo caso -tienes la sangre fría de hacer su juego al borde del precipicio- de asombrarnos por tu valor al dar el salto mortal y burlarte del ser o de la nada con leve gesto de los hombros o de los labios”, le dice Emilio Adolfo Westphalen en una carta fechada en 1986.


EPITAFIO


Esto es hoy,

algo perdido.


Brilla el césped.

Cae una hoja

y es como la señal esperada

para que vuelvas de la muerte

y cruces con resplandor

y silencio de estrella

mi memoria.


“Blanca Varela no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta, sabe callarse a tiempo”, dice Octavio Paz. “Sabe callarse a tiempo”. Tanto así, que su obra completa está formada de 141 poemas de una profundidad inusual. Poeta austera, dice Ana María Gazzolo en la edición de su poesía reunida (1949-2000).


Poeta, ensayista, editora y periodista cultural. Estudió Letras y Educación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue miembro del comité de redacción de la revista “Amaru” y directora de la filial peruana del Fondo de Cultura Económica entre 1974 y 1997. Obtuvo el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en el año 2001. En octubre de 2006 fue la primera mujer que recibió el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca. Y en la ceremonia de entrega de dicho premio, el 10 de mayo de 2007, se anuncia su Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. El mismo año recibió la Medalla de Honor del Congreso de la República del Perú.


Luz de día, el libro editado en la ciudad de Valdivia, presenta como epílogo un ensayo de la poeta Natalí Aranda Andrades. Una aproximación sugerente que invita a ahondar en la palabra de una poeta que nos presenta un mundo de tanta y tan profunda significación:


Los poemas de “Luz de día” tienen un movimiento vertical, descendente y ambiguo. Son la atención que

persiste en sacar del vacío una palabra, un esbozo, un sonido. La persistencia de una realidad

expandiéndose en el acto creador. La poeta es una conciencia a la espera de la palabra, de esa herida que

se abre entre dos oscuridades.


En los últimos años se han publicado en Chile varios textos de poetas peruanos, Mario Montalbetti, Tulio Mora, Carmen Ollé, Carlos López Degregori, José Watanabe. Voces que despliegan parte de lo mejor de la poesía latinoamericana contemporánea. En 5 años más, el 10 de agosto de 2026, se celebrará el centenario de Blanca Varela. Qué importante y significativo es que su palabra y la de sus coterráneos, logren irradiar más allá de las fronteras del Perú. Necesitamos esa inmensa letra que nos nombra y contiene en su aire profundo:


Vuelvo otra vez. Pregunto.

Tal vez ese silencio dice algo,

es una inmensa letra que nos nombra y contiene

en su aire profundo.

Tal vez la muerte detrás de esa sonrisa

Sea amor, un gigantesco amor

en cuyo centro ardemos.

Tal vez el otro lado existe

y es también la mirada

y todo esto es lo otro

y aquello esto

y somos una forma que cambia con la luz

hasta ser sólo luz, sólo sombra.

Bien por la luz del sol, que se filtra a través de las hojas de los árboles. Un fuerte y merecido aplauso para Komorebi por esta nueva edición de Blanca Varela en Chile.


Link para adquirir el libro: https://komorebiediciones.cl/producto/luz-de-dia/
Precio referencial: $8.000
183 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo