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  • El Circo en Llamas

TRAINING #4: MÁS AUTOFICCIONES FEMENINAS LATINOAMERICANAS

Una lectura de Por qué hacen tanto ruido (Overol, 2019), de Carmen Ollé, y Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto (Kindberg, 2020), de Manuela Espinal Solano.


By Rodrigo Ratón Hidalgo

Página 22: “¿A quién podría gustarle esconder su talento?– me pregunta la abuela. En voz baja digo que a mí y salgo de la cocina”. Página 74: “Tú ni siquiera sabes de qué se trata, aunque sabes que eres el único tema que tengo para escribir, para hablar. Respondo que va bien, que estoy nerviosa, que quiero terminarlo, que me ha dolido escribirlo”. Estas escenas de Manuela Espinal Solano en Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto pertenecen una casi al inicio y otra al final del libro. Digo como para hacer todo el spoiler de una. Más encima la novela es tan corta que el inicio y el final distan apenas 64 páginas. Igual al respecto ya se ha dicho todo lo que se pueda decir, de modo que mi spolier llega tarde si se quiere. Aplaudido por ser un debut tan temprano como honesto y conmovedor, esta novela de la colombiana, la situó en el incómodo escenario al que no estaba segura de querer subir. Y de eso mismo se trata el libro. Huir de un talento, renegar de la familia, buscar la voz propia.


En mi velador, a su lado, otra rara novela cortita, igualmente mezcla de diario poético, autobiografía novelada y autorreflexión terapéutica, pero no de una adolescente sino de una mujer adulta, que atraviesa una crisis matrimonial entre pastillas, alcohol y el diván psiquiátrico. Página 21: “Era fácil dejar de ser escritora. Bastaba con idear una serie de argumentos falsos o verdaderos para explicarme que escribir expresa una necesidad de perfección (…) nunca había sido una escritora de verdad, sino una especie de actriz, alguien que fingía, que inventaba una parodia”. La autora es Carmen Ollé, una autora consagrada, reconocida no sólo por su obra sino además como una importante precursora del feminismo en un país que está muy lejos de nuestro cotidiano de pañuelo verde y avance hacia el fin del patriarcado. Integrante del mítico Movimiento Hora Zero en el Perú de los años 70s y 80s junto a su esposo Enrique Verástegui y los poetas Tulio Mora, Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz, Carmen Ollé en esta novela expone su relación conyugal casi como un round tóxico en el que los genios literarios de ambos poetas se abrazan y se abrasan como dos serpientes que no terminan de definirse entre las pulsiones eróticas y tanáticas.


Me voy a permitir ceder a la tentación de meter mi propio yo acá. En Por qué hacen tanto ruido de Carmen Ollé hay una escena en la que su marido, una figura triste de poeta borracho y maldito, la insulta y la llama “traidora, chilena”. Evidentemente como lectores habitantes nacidos de esta larga y angosta franja de tierra, nos toca esta fórmula. Hay un retrato de cierta peruanidad construida en base a esas categorías. Carmen es una blanca emparejada con un mulato, y es discriminada por ello. El libro para no dejar dudas viene con una foto familiar donde aparecen Carmen junto a Verástegui y la pequeña hija de ambos, y la imagen está fechada nada menos que en París en 1978, como para que tampoco quede dudas de que se trata de un matrimonio de poetas malditos. Pero vuelvo al punto: sucede que yo vengo de una familia peruana, mis padres y abuelos son peruanos, de modo que el retrato de esta peruanidad me resulta particularmente cercano. Sé muy bien cómo operan esos códigos, y no puedo dejar de interrogarme si acaso esa cercanía personal es la que me hace empatizar fácilmente con la trama de la novela, o en qué medida otres lectores pueden llegarse a sentir más bien distanciades por lo mismo. Y para agotar en este mismo párrafo mi intromisión de total subjetividad, contaré que también me sucedió con “Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto”, que sentí particular cercanía pues mi abuelo materno fue músico de conservatorio y mi madre y todas sus hermanas y hermanos se dedicaron a la música clásica; y la novela de Manuela Espinal Solano se trata de cómo ella crece en ese entorno de músicos. Es decir que de alguna manera con las historias de ambas autoras me sentí como en familia.


Ahora, no deja de ser significativa la coincidencia en el tono, el registro, el tenor de los títulos de ambas novelas. Como si dialogasen entre sí o se respondiesen mutuamente, o incluso fuesen formuladas por una misma voz. ¿Por qué hacen tanto ruido? Quisiera que oyeran la canción escucho cuando escribo esto. Ahora caigo en cuenta que hasta se asimilan en el color de sus portadas, aún siendo de distintos sellos editoriales. (Mención aparte al gesto cada vez más extendido de poner en circulación a nuevas escritoras latinoamericanas desconocidas acaso en nuestra austral latitud, bravo por ello.) De cualquier modo, el encuentro de estos libros en mi velador es más profundo que fortuito, y como del velador pasan a algún estante de la biblioteca, pienso ya no en el contacto sino en la franca relación que hay en el desarrollo de estas escrituras femeninas en nuestra región, nuestro continente. Y vuelvo entonces al manido tópico de las autoficciones, que es con lo que he titulado estas líneas.


Lo que pasa es que está tan de moda, incluso el término, la palabra autoficción. ¿Por qué no diario de vida o autobiografía de plano? Ah, bueno, es que hay cosas que no son ciertas, hay ficción. Es como la películas “basadas en hechos reales”. Como la Historia de Chile contada por Baradit. Ya, pero esas no son autoficciones, en la autoficción el YO es protagónico: yo cuento mi historia poniéndole o quitándole, y como es mi vida puedo darme el lujo de contarla como me viene en gana, por eso miento un poco aquí y un poco allá, o me evito problemas también, o me doy el gusto, me desquito. La gracia es hacerlo sin que se me querellen de vuelta. Pero no señor. Eso no agota tampoco el punto y acaso ni siquiera es el punto. El punto se te corrió, machito. Estamos escribiendo nuestro cuarto propio. Y no, tampoco nos creemos la Virginia Woolf como el chistosito patético del cuento de otra escritora con editorial de nombre simondebeauvoiriano. Pégate la cachá. Sí, son novelas que a ratos parecen prosas poéticas, mucha meta-referencia sutil y el que las capta gana, y el que no a otra cosa, novelas medio estancadas siempre con la voz autoconsciente del acto escritural a la vista, donde a ratos pareciera que nada pasa porque estamos escribiendo esta novela mientras nos llaman por teléfono o se nos queman las papas. Porque si es así, autoficción en esos términos puede escribir cualquiera, como de hecho ocurre con tanta frecuencia que mi maestra de crítica literaria hace un mes más o menos disparó provocadoramente que la narrativa chilena corría el riesgo de caer en la insignificancia. Y claro, de ese precipicio, dice, se salvan justamente las escrituras femeninas, porque están corriendo el canon, poniendo el pecho, rebelándose a convertirse en mero nicho de consumo, desde el género poniendo de cabeza los géneros literarios, o incluso rearticulando lo que entendemos por pactos de verosimilitud. Porque en definitiva, por ejemplo: ¿a quién le importa si las novelas de Jamaica Kincaid (gracias LOM por ponerlas al alcance de les lectores) son autoficciones o autobiografías, memorias, diarios o cartas? Cualquiera que la haya leído y que no tenga horchata en la sangre sentirá con espantoso dolor la ferocidad doble o triple del patriarcado, del racismo y del colonialismo. El Yo mujer, en un contexto de crisis de las identidades, de estallido de las identificaciones. Un Yo con el que no se nace, sino un Yo que se hace. De eso hablan las novelas de Carmen Ollé y de Manuela Espinal Solano. Y por eso me felicito de haberlas leído, que es como haberlas conocido un poco, y por lo mismo te invito lector/a a conocerlas, leerlas, más allá del eventual spoiler en el que lamento haber incurrido.


Links para comprar los libros:
Por qué hacen tanto ruido: https://edicionesoverol.cl/producto/por-que-hacen-tanto-ruido/
Precio referencial: $8.000
Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto: https://kindberg.cl/quisiera-que-oyeran
Precio referencial: $6.000
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