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  • El Circo en Llamas

TRAINING #5: QUILTRAS Y PIÑEN

Una lectura sobre Quiltras (Los Libros de la Mujer Rota, 2016) y Piñen (Pez Espiral, 2019).


By Rodrigo Ratón Hidalgo

Arelis Uribe y Daniela Catrileo son dos de las más destacadas autoras de su generación, dos personalidades definidas, tan potentes como radicales, que dentro del feminismo hablan desde una marginalidad de clase, política y bio-geográfica. Son mujeres cuya infancia, adolescencia y juventud se produjo en los finiseculares extramuros del sur metropolitano, y retratan en sus escrituras el cómo forjaron sus identidades de género en ese desplazamiento constante de la periferia al centro; y en el caso de Catrileo, una escritura que contempla además la activación y desarrollo de una conciencia anticolonial ancestral mapuche.


Independiente de que se presenten como libros de cuentos, lo que sucede tanto en Quiltras como en Piñen es que ambas narran sus trayectos de la niñez a la mayoría de edad, cómo fue darse cuenta de que eres pobre, o preguntarte qué es ser mujer. Preguntarte qué significa ser mapuche en el caso de Daniela. Cómo fue vivir esas interrogantes y hacerlas carne en las cárceles disfrazadas de colegios subvencionados o públicos, la importancia de esas amigas, primas, vecinas, de esos flirteos y/o pololes, cómo fue ser la universitaria del barrio, la que acaso podrá volver convertida en profesora a revisitar esas mismas familias y vecindarios sin adultos profesionales precedentes. Porque Uribe y Catrileo nacieron en 1987 y aunque Daniela primero publicó poesía y “Piñén” es recién del 2020, sus narrativas concurren en tanto comparten el íntimo proceso de descubrir y construir la propia feminidad, su camino en la toma de conciencia del género y en la territorialización de sus cuerpos. No naces mujer: te haces mujer. Las autoras de Quiltras y de Piñen nos cuentan ese tránsito. Son, en ese sentido, lo que la academia llamaría bildungsroman, relatos de formación, iniciación o aprendizaje, del paso en la conciencia del niñe que se hace adulte. Pero claro, no son novelas. ¿O sí lo son?


Las reseñas y críticas celebrando el debut narrativo de Catrileo abundan y ya no es tan nuevo nada de lo que digo. Una infancia de cotidianidad casi provinciana o al menos de colegio de monjas, en aquél San Bernardo que mutó cual Puente Alto en un getho invadido por el narco, y de la rutina de la sobrevivencia para los pobladores de los blocks ratoneras. San Bernardo tiene yo diría una fuerte identidad poética, y pienso en Yuri Pérez, aunque la violencia de las entradas de Daniela Catrileo evocan más el infierno de cemento de Budnik, el delirio audiovisual de Juan Carreño. Pero no.


“No quiero ser mujer”, dice Catrileo en la página 40. “No quiero ser mujer” también es la declaración final de la niña narradora del cuento “Yo a las mujeres me las imaginaba bonitas”, de Andrea Maturana en 1992.[1] Creo recordar algunos otros personajes o hablantes femeninos rebeldes, marginales, poblacionales en Diamela Eltit, Pía Barros y Flavia Radrigán entre otras. Pero sin duda Daniela Catrileo contribuye y actualiza una corriente urgente y necesaria, y su voz de mujer mapuche urbana y suburbana emociona y conmueve. Con la vitalidad de un comic, el relato de la protagonista de Piñen avanza por paisajes de tensos contrastes atmosféricos, con ritmo narrativo ora de crónica urgente ora de prosa poética. El violento despertar de una conciencia, como niña-adolescente, joven-rebelde-atea-punk, mapuche, feminista, un coro de Danielas heroínas a lo Mamba Negra, descendientes de mujeres heroicas, forjadas en un no-querer-ser-mujer estructural.


Pero además es el azul ancestral de su progenie, la oralitura, su lenguaje poético, coral y visual, contemporáneo. Daniela Catrileo tiene una obra lírica precedente y en desarrollo, pero también una labor como profesora de filosofía, activista mapuche y como mediadora cultural en el campo literario. Su hablante es más maduro que el hablante de “Quiltras”, pero hay una generación y un lugar georeferencial que comparte con Arelis Uribe. En ambas las madres han sabido transmitirles que los hombres no son confiables. Quiltras es un libro más temprano que Piñen, y le valió a su autora un premio y un reconocimiento público que la catapultaron, siendo actualmente una mediadora con otra inserción en ese entramado simbólico, en el mapa del poder.


Igual que Daniela Catrileo, pero sin su poesía y sin ser mapuche, Arelis Uribe irrumpió con su joven y morena marginalidad en un cuadro poblado por contemporáneas simplemente más acomodadas. Los 7 cuentos de Quiltras narran el progresivo descubrimiento de una posición de género y de clase, situada en San Bernardo y en localidades como Buin, Codegua o Cholchol. Con franqueza frontal y actitud desprejuiciada narra flirteos, pololeos virtuales o amoríos fugaces, igual que primeros viajes y primeros trabajos, dejando que la ambigüedad los tiña con el ardor del despertar sexual: en Quiltras las tensiones eróticas dominan las relaciones de una veinteañera sale a escena o ingresa al mundo constatando la violencia patriarcal y el tácito panóptico heteronormativo como telón de fondo, de suerte que el conjunto adquiere a ratos cierto aire de aventuras adolescentes que incluso admite un sesgo etario en su declaración inicial: “los adultos corrompen las cosas”. Una joven representante de esa capa C-3 que Cristian Boza, el decano de arquitectura de la universidad San Sebastián, nombró despectivamente antes de ser despedido.


Aquellas que hayan sostenido pololeos virtuales o hayan vivido enamoramientos adolescentes a través de la pantalla del computador, leerán Quiltras sintiéndose identificadas y divertidas. Porque hay, insisto, un rango etario, un código siglo XXI, un guiño generacional cuyo signo es el desenfado a la hora de la exploración sexual, algo que también podíamos percibir en “Reinos” de Romina Reyes. Coincidentemente Claudio Guerrero hace poco propuso una lista de escritoras que abordaban la crisis de la educación, ya como alumnas o como docentes, y desde ahí, señaló cómo tangencialmente Quiltras de Uribe dialoga con “Incompetentes” de Constanza Gutiérrez, con “Diario de una toma” de Lola Larra, o con “Liceo de niñas” de Nona Fernández, por ejemplo.[2]


Lo cierto es que siendo directora de comunicaciones del Observatorio Contra el Acoso Callejero, Arelis con Quiltras ganó el premio MOL del Consejo del Libro, había ganado antes ya un Santiago en 100 palabras, el 2017 publicó Que explote todo! y asumió como jefa de campaña de Beatriz Sánchez en las elecciones presidenciales. Tras esa experiencia, y tras haber obtenido en 2019 una Beca Chile para irse a estudiar un máster en escritura creativa a Nueva York, donde la pandemia la retiene hasta hoy; sigue siendo una activa colaboradora en diversos medios digitales como The Clinic, Noesnalaferia y otras. Es decir que tribuna no le falta, y habría que pensar que a estas alturas redes tampoco.


Tiendo a leer los 3 libros de Arelis Uribe como uno solo inacabado, mezcla de diario, relato de autoficción y crónica, de columna y ensayo. Periodística y llana en su prosa, su hablante de universitaria proleta y de feminista comprometida con la revolución, la convierten aún en una promesa, en un gerundio: es una escritura que está sucediendo. Está en el presente, su posición es de vanguardia política en el campo literario. Creo que por eso su último libro, “Las heridas”, provocó por ejemplo la crítica negativa de mi maestra, que la trató de exageradamente autorreferencial. Un yo protagónico y más discurso que historia. Quiltras ya era un poco así. Escritura como de blog. Pero en un panorama de tantas autoras con la misma habilidad para enganchar lectores, su éxito indudablemente se debe al vacío de una voz como la suya, que no sólo se define mujer en contra o por fuera de las categorías binarias del patriarcado heteronormativo, sino que además es pobre, o no es de plano cuica, es morena en un Chile que sigue discriminando por el color de piel.


Respondo entonces finalmente a una pregunta que hice al inicio de estas líneas, sobre si no es posible, en vista de todo lo dicho, leer como novelas Piñen o Quiltras. Y diría que sí sin más vueltas en el caso de Daniela Catrileo, y diría que no en el caso de Arelis Uribe, haciendo la aclaración de que el libro debut de esta última en rigor sería, más que una novela, un work-in-progress. Pero qué importan esas categorías. Lo que cuenta es que son secas para decirlo coloquialmente, y tienen cada vez más lectoras y lectores, y me encanta y qué bueno. Por la causa feminista y por la causa mapuche, por un país que ojalá algún día sea más franco al verse al espejo y se reconozca por fin moreno.


***


[1] “Pero ya no quiero que me acompañe de vuelta del liceo y me pegue después como el Tito, no quiero ser mujer y tener una herida como la Chana, ni crecer ni ponerme guatona y que los hombres me peguen.” En el libro “(Des)encuentros (des)esperados”, publicado por Alfaguara en 1992. Página 134.

[2] https://www.elcircoenllamas.com/post/me-gustan-los-estudiantes-crisis-ficci%C3%B3n-y-educaci%C3%B3n-en-la-literatura-chilena-actual


Links para adquirir los libros:
Quiltras: https://big-sur.net/producto/quiltras/
Precio referencial: $8.000
Piñen: https://www.librosdelamanecer.cl/product-page/pi%C3%B1en-daniela-catrileo
Precio referencial: $12.000
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